Torre Iberdrola de César Pelli, para Iberdrola y Ivory Press

2007-2011

Si hubiera que definir con una sola imagen la Torre Iberdrola, habría que elegir aquélla que mejor la relacionase con Bilbao. Son varias las opciones posibles, debido a la intensa presencia de este edificio de 41 plantas, cuya construcción se ha desarrollado en los últimos cuatro años. Se podría explicar con una imagen tomada desde un punto de vista elevado, con la ciudad a sus pies, en la que no cabrían dudas para catalogarla como la máxima altura construida en Bilbao, por encima de la Torre del BEC, el BBVA de la plaza Circular o las Torres de Isozaki. Se puede entender también, bajando el punto de vista, desde la orilla derecha de la ría del Nervión, o entrando a Bilbao por el puente de La Salve. En este caso, se apreciaría como un elemento más en la ordenación de Abandoibarra, junto a otros hitos recientes de la ciudad, con los que ya viene estableciendo un diálogo incluso antes de su puesta en uso. Pero existe también un punto de vista (probablemente el más interesante) a media distancia desde el centro del Ensanche de Bilbao –la plaza Elíptica– que sirve para entender cómo la arquitectura es una disciplina que aspira a la unidad e intenta ir más allá del conocimiento fragmentario. No en vano, el hecho de que el arquitecto César Pelli, coautor (junto con Balmori y Aguinaga) del plan de ordenación de Abandoibarra (1993), haya podido, después de un largo proceso, coronar el esfuerzo urbanístico con el proyecto y ejecución de esta pieza de arquitectura para la ciudad es una muestra de que las mejores soluciones para los problemas complejos son las más sencillas, pero no siempre las más fáciles de alcanzar.